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Una mirada violeta a la Mujer Maravilla

Wonder Woman

Después de mucho pensar como abordar sociológicamente la cinta de la Mujer Maravilla (EE.UU, 2017), escogí dos enfoques interesantes para el contexto en el que estamos: uno histórico y otro de género. El primero se refiere a la Primera Guerra Mundial (o la Gran Guerra). Este conflicto bélico nos recuerda bastante a los tiempos que vivimos con la guerra en Medio Oriente y los conflictos en América Latina. Y el otro enfoque o mirada, como prefiero llamarle, se centra en el modelo de mujer que se quiere proyectar.

La hija de las amazonas en las trincheras

La película presenta una versión de los orígenes de la heroína más icónica de DC cómics sin llegar a los clichés. En ese sentido, ambientar la película en la Primera Guerra Mundial fue un gran acierto. No es un conflicto muy explotado en la industria cinematográfica en los últimos 30 años. Quizá porque la Segunda Guerra Mundial implicó a los nazis y el morbo vende fuerte. Sin embargo, la Gran Guerra fue un acontecimiento que marcó el final del imperialismo y consecuentemente, de una etapa del capitalismo.

En una escena elocuente, la cámara nos muestra un Londres lúgubre. No es el Londres bombardeado por los nazis y que resiste heroicamente. Es el Londres al final de la revolución industrial. La historia inicia en un punto significativo de los acontecimientos de la Gran Guerra. Los alemanes están a punto de firmar el armisticio que reconfiguró la influencia de Europa occidental en las relaciones internacionales de la época. Un momento donde cualquier error podría ser fatal. Un momento perfecto para deificar la guerra y cambiar el futuro. Por cierto, David Tewlish, impecable como Ares.

La princesa de las amazonas camina entre las trincheras y ve el resultado del campo de batalla: soldados mutilados, desmoralizados y rotos. Pueblos masacrados y civiles atemorizados por los ejércitos enemigos. Se da cuenta de que el mundo no es como en las épicas historias que le contaban en la infancia y que los hombres mueren en desgracia.

Steve Trevor (Chris Pine) actúa como un guía para la amazona en ese viejo mundo moderno. Llama la atención del personaje que no es un clásico militar de la industria hollywoodense. Trata a Diana como su igual.  La aparición de los Blackhawks me deja sentimientos encontrados. Habría sido un acierto para Warner Brothers y DC reivindicar a sus personajes de la época bélica de las historietas. Es de destacar las actuaciones de Said Taghmaoui, Ewen Bremer y Eugene Brave Rock. Tenemos en ellos a una versión de Blackhawk, al soldado roto por la guerra, y a una figura indígena que da visibilidad a un sujeto político que en los últimos años ha cobrado fuerza en Norteamérica. 

La Mujer Maravilla, el Capitán James Tiberius Kirk, Spud, Jefe Apache y una versión extraña de Balckhawk

El personaje y la actriz

Esto es bastante contrastante con la posición política y las declaraciones de la protagonista, Gal Gadot, a propósito de su servicio en el ejército israelí y la situación en Palestina. Si bien, esta en realidad no es una cinta anti-bélica como Sin novedad en el frente (EE.UU. y Reino Unido, 1979) o Johnny tomó su fusil (EE.UU., 1971), el contexto imperialista de los últimos años y el recrudecimiento del terrorismo y el fundamentalismo islámico sí exigen una posición clara a cineastas y artistas, pues están realizando arte con y para las sociedades en el mundo.

Quiero decir en este punto, que en este blog estamos totalmente en contra de la ocupación de Palestina por parte de Israel, y de cualquier movida imperialista. Por lo tanto no puedo ver en la actriz elegida una figura coherente y no me queda más que sumarme al argumento de que, la figura de la Mujer Maravilla es un referente de la emancipación femenina, la sororidad y el antibelicismo, pero Gal Gadot de ninguna manera es ella.

Con los lentes morados puestos: ¿Es esta una película feminista?

Esto nos lleva a la pregunta más interesante sobre la Mujer Maravilla. ¿Es una película feminista? Sí, pero de cierto feminismo que muchas llamamos liberal. ¿A qué me refiero? A esa corriente de pensamiento que se enfoca en la obtención de derechos igualitarios, a resaltar los logros individuales y a vender una imagen muy específica del género femenino. Una imagen que no pone en peligro los privilegios del género masculino. No se cuestiona las raíces de las desigualdades, sólo busca que tanto mujeres como hombres sean iguales en apariencia.

En la película se cuestionan varios estereotipos con éxito, aunque hay muchos matices que dejan un extraño sabor de boca. La interacción de Diana con Etta Candy, su partner in crime en los cómics, deja mucho que desear. Las amazonas se proyectan como guerreras, estrictas en sus códigos y muy tradicionalistas. Sin embargo, notemos lo siguiente: En la edad de oro de los cómics, Diana es retratada como una mujer de ciencia. ¡La Isla Paraíso incluso tiene videofónos! Para una película que está retratando a una mujer contemporánea, éste habría sido el paso lógico a dar.

El nacimiento de esta heroína es cambiado también en la película. En el principio ella fue modelada de arcilla, fue hecha por sus iguales. Aquí, junto con la versión New 52, ella es hija de Zeus. Esto puede parecer trivial, pero no lo es: para el año en que fue creada, cuestionar el rol por nacimiento, de que las mujeres debían tener ciertas tareas y ciertos lugares fue todo un suceso y a eso se refiere la arcilla: Una mujer como identidad y sujeta social no nace, se hace.

La cereza del pastel es el final. Resulta que el amor romántico (ese que todo lo puede y que es eterno y está destinado a ocurrir) es el detonante para resolver el conflicto. Sí, estuvo presente el heroísmo de los soldados, del equipo de Trevor y él mismo realizó una hazaña digna del Señor Spock. Pero si tu hermano está a punto de reiniciar una guerra y todo se va a ir al carajo, no hay bronca: piensa en tu chavo y todo se resolverá.

Muchos feminismos, ¡muchas heroínas!

Se vuelve complicado para el caso del público latinoamericano, porque vivimos una oleada de feminicidios y asesinatos donde las mujeres son el objetivo de una forma de violencia naturalizada y legitimada, entre otras frases, que “el amor todo lo puede”.  Aclaro: la película no está abogando por la violencia de género, pero si está promoviendo cierto tipo de amor. Si el móvil hubiera sido la solidaridad (amor) entre los Blackhawks, o el amor que se le tiene a todo tipo de vida, otra historia podríamos cantar.

¿Por qué esta “exageración” es importante? Es tan sencillo como problemático. Si bien, esta es una historia de ficción, no deja de ser una imagen masificada de un modelo específico de mujer. Se une a las declaraciones de otras actrices y cantantes que se reivindican feministas y que tienen que ver más con el feminismo liberal, que con Emma Goldman o Bertha Cáceres.

¿Cómo sería una forma distinta de feminismo? Sería bueno comenzar por el hecho de que pueden existir muchos feminismos, pero no todos estarán combatiendo la raíz del problema de inequidad. En lo personal, estoy más familiarizada con el feminismo comunitario de las mujeres indígenas en América Latina, que con las corrientes urbanas. Un feminismo para todas y todos, tiene que ser colectivo, hecho por iguales y tiene que promover la cooperación. Dicho eso, quiero retomar algo que me pareció crucial en la película: el hecho de que Diana vivía en una burbuja y eso le impedía ver la naturaleza, la raíz de la guerra.

Creo que esta forma de construir al personaje es una de las cosas que hacen memorable a esta película y le imprimen su carácter feminista: ni tenemos un destino manifiesto por nacer mujeres, ni tenemos una forma de ser definida por la infancia, la adolescencia y la adultez. Eso sucede con Diana gracias a su interacción con los demás personajes.  (insisto, el asunto de la ciencia habría ayudado mucho, pero, Primera Guerra Mundial…)

¿Qué podemos concluir al momento? ¿Tenemos que exigirle a una industria cuyo fin es entretener, un mejor tratamiento de la cuestión de género? Más bien, y como un primer paso, son necesarias las condiciones para comprender que estamos en constante construcción y que necesitamos más ojos críticos para ver los modelos que nos ofrece el mercado del entretenimiento.

Se puede decir entonces, que la Mujer Maravilla como película es una forma del feminismo liberal, pero no es la única que existe. Esto exige que existan propuestas y nos invita a pensar, ¿Cómo sería nuestra propia heroína, nuestra Mujer Maravilla latinoamericana? Siempre he creído que sería algo más como Canario Negro.

Por lo pronto les dejo un chascarrillo, un antichiste a esos que están surgiendo en toda la internet.

Aquí un chiste latinoamericano feminista comunitario :)

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Desde la aburguesada Ciudad de México

Pilar G. M.
Pilar G.M. (1988) es socióloga de formación, lectora por profesión, oaxaqueña por herencia y amante de los gatos por convicción. Melómana ya no, porque sonaría arrogante. Suculentas y cactus son bienvenidos en cumpleaños, ocasiones especiales y navidad. Aquí escribe de ñoñeces en general, que quede claro.

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